Dijo la prensa

Una colección infantil pone el foco en la multiculturalidad

La sal preciada del pueblo armenio, una cadencia yoruba, la estridencia de la amazonia o el mutismo de la planicie asiática son parte de una multiculturalidad que se reflejan en todo el país, especialmente en las escuelas, y que rescata Comunidades, una colección de literatura infantil que recupera mitos y leyendas de distintos puntos del globo.

Con la idea de que “las relaciones humanas no son fáciles, pero existe lugar para el encuentro” y la creencia de que “los niños son excelentes lectores” surgió hace cinco años esta colección bilingüe -cada número cuenta la historia en español y en la lengua del pueblo que le dio origen-, rescatada de la tradición oral por traductores e ilustradores reunidos en el sello Macma.

“La invitación”, escrita también en mandarín; “Por una noche”, narrada en aymará desde la vecina Bolivia; “Cabeza hueca, cabeza seca”, llegada en tupí guaraní desde el inmenso Brasil, o la zapoteca “Alacrana para armar”, son algunos títutos que dan vida a un proyecto que, “por sobre todo, no debe ser panfletario”, dice a Télam Valeria Sorín, responsable del sello y la colección junto a Laura Demidovich.

De alguna forma, “aunque no se trate de un mito de origen, todas las historias de tradición oral de un pueblo, como si fuera un código genético, llevan en sí­ todo el sistema cultural, la poesía y los modos de representación propios”, remarca Sorín.

Y por algún motivo, advierte, “en Argentina se sigue asociando a los inmigrantes con españoles, italianos, ingleses, alemanes y rusos, cuando ya no es posible pensarnos sin el aporte de japoneses, coreanos, croatas, gente de Europa del Este, África y Latinoamérica”.

Por eso, esta colección “busca convidar con historias de todos los pueblos, para que nos den muchas ganas de conocerlos mejor y que tal vez hasta surja el amor”, resume.

Se trata de “libros para chicos que incluyen a los grandes, que respetan mucho al lector niño y su enorme capacidad de entender y procesar, mucho más refinada que la de los adultos en numerosas ocasiones”, postula Sorín.
“Narraciones hermosas y sin edad -asegura-, que en ocasiones son llevadas para niños en su primera infancia, otras veces para chicos de primaria, y no son pocos los señores y señoras que las prefieren para sí”­.

Elegir el relato tradicional a “recontar” no es fácil, aclara la editora, “tiene que ser un relato o personaje del pueblo elegido que tenga gran potencialidad e interpele con historias que reflejen las ideas del sello, como ganas de conocer al otro, amor por el mundo que nos rodea o repensar cuestiones referentes al género”.

Los dos autores, “el escritor y el ilustrador que trabaja en cada título, son convocados para interpelar cada historia con libertad y respeto y, para que no quede en una apropiación, el nuevo relato es mandado a traducir a la lengua que nos lo dio e impreso en un libro a dos colores, síntesis del el encuentro de dos culturas”, repasa.

“Buscamos que todos los que participan estén en sintoní­a con la historia -grafica-. Si se trata de un pí­caro como el Caipora de la selva amazónica el humor debe estar presente en ambos relatos, el textual y el visual, pero si narramos el amor entre un padre y una hija, algo de esa dulzura, contradicción debe tener eco en ambos lenguajes”.

Ahí es donde entra, Te quiero más que a la sal, la nueva edición deComunidades, al rescate una leyenda armenia que pone en escena un enorme amor filial, aún en medio de incomprensiones.

“El diálogo entre las generaciones es difícil y muchas veces la respuesta inesperada no es juzgada en su medida, pero los padres también somos presas de malentendidos y nos equivocamos”, reflexiona Sorín sobre la fábula en que una princesa es echada de palacio por su padre, el Rey, disgustado por la respuesta espontánea que ésta le da a en respuesta a la pregunta de cuánto lo quiere.

“Es justamente esta exageración extrema, esta cualidad de hipérbole narrativa, lo que permite que haya ficción, que entremos en la historia en sus propios términos y con cierta distancia crí­tica de lo que pasa”, subraya.

“¿Sabí­as que los armenios aún hoy cuando llega alguien a su casa lo reciben con agua y un platito de sal? Las tradiciones reflejan el espí­ritu de un pueblo que es capaz de seguir amando, aún después del destierro y la diáspora. A mí­ me parece una forma de sentir muy interesante ¿No?”, se pregunta la editora en un reflejo de lo que Macma cuestiona y busca en cada historia.

Macma es parte de La Bohemia, esta última, una editorial local, autónoma, pequeña y muy movediza que nació como sello de poesía en el año 2000 por obra de Daniel Muxica y muy pronto comenzó a publicar narrativa contemporánea y ensayo de literatura, al mismo tiempo que organizaba un congreso internacional de literatura.

Fue en 2008 que Sorín y Demidovich se hicieron cargo de La Bohemia e inauguraron la revista Cultura LIJ (Literatura Infantil y Juvenil), hasta que en 2010 lanzaron su primera colección para niños.

Reportaje a Valeria Sorín, editora de La Bohemia, publicado el 13/5/2015 por la agencia TELAM
http://www.telam.com.ar/notas/201505/104759-una-coleccion-infantil-pone-el-foco-en-la-multiculturalidad.html

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